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A Eusebio Ruvalcaba

A Eusebio Ruvalcaba

   

El mejor homenaje a Eusebio Ruvalcaba es sencillamente escuchar la música que a él tanto le gustaba compartir. Eusebio fue un gran apasionado de la música, eran legendarias las sesiones musicales que hacía en su casa. Un melómano que llevaba la música en cada gota de sangre. Hijo del gran violinista y compositor Higinio Ruvalcaba, fue autor del libro Con los oídos abiertos. Aproximaciones al mundo de la música, en el que relata diversas viñetas de la vida de su padre y del Cuarteto Lener, del cual formara parte Higinio, así como textos sobre músicos como Mozart, Silvestre Revueltas, Jascha Heifetz, Erica Morini y Fritz Kreisler, por mencionar algunos.

 

Compartimos un fragmento de la nota titulada “El cuarteto”:

 

El Cuarteto Lener

Tocaron juntos 25 años. Como tenían el pelo blanco, siempre creí que eran viejitos. Los veía entrar con sus instrumentos, dirigirse a la sala y sentarse en el lugar que le correspondía a cada quien. Me daban sus partes y yo me encargaba de acomodarlas donde iban. A Smilovits, en el atril del violín segundo; a Froelich, la viola; a Hartmann, el chelo. La música de mi papá ya estaba en su lugar del primer violín. Entonces él tocaba un par de notas al piano y enseguida afinaban. Se reían mucho, por cualquier cosa. Eran muy bromistas, como niños. Más que un ensayo de uno de los mejores cuartetos del mundo, parecía un encuentro de ex alumnos. No se agotaban las risas y las carcajadas. Yo tendría siete, ocho o nueve años, y me quedaba no nada más a oírlos tocar, sino también hablar. Porque apenas usaban el español;  casi todo, no sé por qué, lo decían en inglés o en italiano. Salvo yo, no permitían que nadie estuviera presente en el ensayo. A veces los ensayos eran en la casa del maestro Smilovits, en la calle de Mississippi; o en la de Hartmann, en la colonia Roma, Smilovits, Hartmann y Froelich eran húngaros, de la más honda prosapia musical. A la muerte de Jeno Lener, uno de los fundadores del cuarteto, mi padre ocuparía su lugar luego de varias pruebas de fuego que le impusieron los miembros restantes, pues no confiaban en un violinista sin escuela.

Fragmento tomado del libro Con los oídos abiertos. Aproximaciones al mundo de la música, Eusebio Ruvalcaba, Editorial Paidós

 

Eusebio recibió el premio literario Agustín Yáñez por su obra Un hilito de sangre, que más tarde fue llevada al cine bajo la dirección de Erwin Neumaier.

Fue autor de El portador de la fe, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota y El frágil latido del corazón de un hombre.

A Eusebio Ruvalcaba

   

El mejor homenaje a Eusebio Ruvalcaba es sencillamente escuchar la música que a él tanto le gustaba compartir. Eusebio fue un gran apasionado de la música, eran legendarias las sesiones musicales que hacía en su casa. Un melómano que llevaba la música en cada gota de sangre. Hijo del gran violinista y compositor Higinio Ruvalcaba, fue autor del libro Con los oídos abiertos. Aproximaciones al mundo de la música, en el que relata diversas viñetas de la vida de su padre y del Cuarteto Lener, del cual formara parte Higinio, así como textos sobre músicos como Mozart, Silvestre Revueltas, Jascha Heifetz, Erica Morini y Fritz Kreisler, por mencionar algunos.

 

Compartimos un fragmento de la nota titulada “El cuarteto”:

 

El Cuarteto Lener

Tocaron juntos 25 años. Como tenían el pelo blanco, siempre creí que eran viejitos. Los veía entrar con sus instrumentos, dirigirse a la sala y sentarse en el lugar que le correspondía a cada quien. Me daban sus partes y yo me encargaba de acomodarlas donde iban. A Smilovits, en el atril del violín segundo; a Froelich, la viola; a Hartmann, el chelo. La música de mi papá ya estaba en su lugar del primer violín. Entonces él tocaba un par de notas al piano y enseguida afinaban. Se reían mucho, por cualquier cosa. Eran muy bromistas, como niños. Más que un ensayo de uno de los mejores cuartetos del mundo, parecía un encuentro de ex alumnos. No se agotaban las risas y las carcajadas. Yo tendría siete, ocho o nueve años, y me quedaba no nada más a oírlos tocar, sino también hablar. Porque apenas usaban el español;  casi todo, no sé por qué, lo decían en inglés o en italiano. Salvo yo, no permitían que nadie estuviera presente en el ensayo. A veces los ensayos eran en la casa del maestro Smilovits, en la calle de Mississippi; o en la de Hartmann, en la colonia Roma, Smilovits, Hartmann y Froelich eran húngaros, de la más honda prosapia musical. A la muerte de Jeno Lener, uno de los fundadores del cuarteto, mi padre ocuparía su lugar luego de varias pruebas de fuego que le impusieron los miembros restantes, pues no confiaban en un violinista sin escuela.

Fragmento tomado del libro Con los oídos abiertos. Aproximaciones al mundo de la música, Eusebio Ruvalcaba, Editorial Paidós

 

Eusebio recibió el premio literario Agustín Yáñez por su obra Un hilito de sangre, que más tarde fue llevada al cine bajo la dirección de Erwin Neumaier.

Fue autor de El portador de la fe, Pocos son los elegidos perros del mal, Una cerveza de nombre derrota y El frágil latido del corazón de un hombre.

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